Con el mismo continuismo de nuestra líena sentimentaloide de lo que parece estar llamado a convertirse en las "Crónicas del Curandero", hoy nos hacemos eco de las últimas revelaciones sobre el día a día del presunto criminal de guerra Radovan Karadzic, en la persona de su
alter ego, Dragan Dabic. Éste frecuentaba un bar en Belgrado con el sintomático nombre de la "Casa Loca". La razón de tal denominación radica -según propias manifestaciones de su propietario- en el perfil del mismo y de su clientela habitual. Y, ustedes se preguntarán: ¿qué pintaba el gurú Dabic en semejante antro de perdición?, ¿acaso predicaba con el ejemplo un defensor de la "vida sana"?. En efecto, según parece, en contadas ocasiones tomaba
rakija. Simplemente canalizaba su sensibilidad amenizando las veladas nocturnas en Belgrado con el
gusla -instrumento de cuerda medieval de tradición serbia-, el cual colgaba de la pared. Conmovedor. En la misma pared colgaban los retratos del mismo Radovan Karadzic, Ratko Mladic, Slobodan Milosevic, Vejislar Seselj y Tito. El propietario está esperando que se seque un nuevo cuadro de reciente elaboración con la faz de Dragan Dabic. Me toca: sota, caballo y rey.
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